PALABRAS PRELIMINARES

Por Natividad Llanquileo

Ecos de las palabras de la tierra nos muestra un pueblo vivo que se desarrolla en equilibrio con su entorno, respetando los espacios y tiempos de cada ciclo de la naturaleza, admirando cada sonido, cada soplo de los vientos, atardeceres, viviendo la alegría de amanecer en este territorio libre, de soñar, de sonreír, de escuchar las historias de los abuelos, de hablar el mapudungun desde pequeño, de vivir de la mano con el orgullo de ser mapuche pewenche, conservando la cultura, las tradiciones y el territorio.

Sin embargo, estas tierras históricamente se han visto intervenidas, y desde el año 1998 padecen la profunda marca generada por la construcción de varias centrales hidroeléctricas, las que han provocado una serie de consecuencias como la depredación de la naturaleza de manera irracional y el despojo tanto de su gente como de su flora y fauna, causando así un enorme desequilibrio.

La riqueza milenaria de los pueblos originarios en Chile y el enorme interés de los distintos gobiernos y empresas privadas sobre los territorios mapuche pewenche llaman poderosamente la atención, especialmente cuando el Estado se refiere a ellos como los pobres

que habitan en la cordillera, sin tomar en cuenta que desde allí se enriquece y abastece a todo un país soberbio e ignorante, que no quiere reconocer que este país es plurinacional, y que cada pueblo tiene derecho a decidir cómo vivir.

Convivir en este país clasista y discriminador no ha sido fácil, cuando a diario hay que caminar y luchar por el respeto de nuestra gente. Llena de orgullo y esperanza leer este libro con experiencias vivas de nuestros hermanos pewenche. Así también, los relatos y experiencias de personas con un origen diferente, lo hace mucho más atractivo porque permite aproximarnos desde otras miradas al pueblo mapuche pewenche.

Este libro que tiene en sus manos muestra a un pueblo desde lo más profundo de su sabiduría, al mismo tiempo nos llama a la reflexión, al análisis, al respeto, a proteger, a promover y a defender el territorio, tradiciones y costumbres de este pueblo que resiste y que seguirá viviendo por siempre, entregándole conocimientos invaluables a las futuras generaciones.

Natividad Llanquileo, julio 2014